LECTURAS


¿ESTUDIAR YO?

Lic. Sebastián Vázquez Montoto

Cuando un adolescente debe elegir una carrera para estudiar luego de
culminar la escuela, son muchas las expectativas y los miedos que se cruzan
en su cabeza, lo desorientan y hasta, a veces, lo paralizan.
¿Qué quiero estudiar? ¿Qué puedo estudiar?
Los adolescentes tienden a pensar primero en lo que más les llama la atención
y que puede relacionarse con algunas materias que les entretengan más que
las demás en el colegio o por las notas que obtienen en algunas otras. Luego
suelen asegurarse de que la carrera elegida les permita obtener una entrada
suficiente de dinero para mantenerse al menos a sí mismo. En este punto
suelen establecer una especie de "ranking" de las carreras exitosas, con las
que se puede ganar mucho dinero, pero lo cierto es que no existen carreras
exitosas, sino profesionales exitosos, es decir, depende de ellos mismos. Por
último, piensan en alguna carrera que puedan "profesar", que se adecue a una
vocación y que les devuelva placer por lo que hacen.
Quizás esta sea la expectativa fundamental de un adolescente y el temor que
la acompaña siempre será fracasar.
¿Para qué voy a estudiar, si no voy a conseguir trabajo?
La sociedad, en general, le muestra al adolescente, a través de ciertos
personajes populares, que el esfuerzo de una persona por crecer en lo laboral,
con estudio y esfuerzo, no tiene resultados relevantes y en la realidad de todos
los días es frecuente saber de profesionales sin trabajo o con una vida sin
demasiados lujos. Por el contrario, el menor esfuerzo representa un modelo a
seguir con resultados sorprendentes como fama, dinero, prensa... La suba de
los índices de desocupación suele ser, también, un factor que coopera en el
desconcierto del adolescente en busca de su vocación.
¿En qué puedo trabajar?
Paradójicamente, el empleo más elemental, requiere hoy antecedentes
universitarios. Basta con leer los avisos de empleos en algún diario en donde
para un puesto de repositor de mercadería en un supermercado, los estudios
universitarios son excluyentes. También aparecen en estos avisos palabras
claves como "experiencia" y "edad". Hoy la mayoría de los empleos para los
jóvenes requieren experiencia de entre dos y cinco años y solicitan que la edad
de los jóvenes postulantes no exceda los 23 años. Entonces al adolescente no
le alcanza ni con la experiencia obtenida de la escuela, ni con la edad y
además sus estudios universitarios aún no comienzan.
¿Qué hago de mi vida, entonces?
Por todo esto compruebo que si bien es cierto lo de la falta de oportunidades y
espacios para que los adolescentes puedan mostrarse tal cual son y con todo
lo que han aprendido y están dispuestos a aprender, las oportunidades deben
nacer de la propia persona de los adolescentes. Cuando el adolescente,
finalmente, se decide por una carrera universitaria para estudiar, esta eligiendo
el resto de su vida y debe ser consciente de esto, por ello son alarmantes las
cifras que se manejan en relación con la desorientación vocacional y la
deserción universitaria, esto tiene su razón de ser en todo lo anterior.
Debemos pensar, en primer lugar, que más de un 80 % de los estudiantes de
enseñanza media de colegios privados de la zona norte del Gran Buenos Aires,
continúan su ciclo educativo con estudios superiores, principalmente
universitarios.
Luego, pensando en los estudiantes del primer año universitario, las
estadísticas nos muestran que alrededor de un 40% de los mismos equivocan
la elección de la carrera, fluctuando, en el término de aproximadamente dos
años, entre dos o tres carreras nuevas dispares, y una parte de éstos, terminan
desistiendo de este nivel de educación con las consecuentes frustraciones. Por
otro lado, la demanda laboral exige crecientemente mayores niveles de
educación y de especialización.
¿Qué podemos hacer?
Ahora bien, sabiendo que los adolescentes suelen equivocar su elección de
carrera por varias y variadas razones, debemos preguntarnos para poder dar
respuestas desde los planos educativo, familiar y profesional. La escuela, ante
la creciente competitividad del mercado educativo y laboral, debe replantearse
sus objetivos, que deben tender a la formación integral de la persona,
capacitándola, fundamentalmente, para enfrentar la realidad actual y
desarrollar con plenitud y convicción el proyecto de vida construido desde los
espacios diversos que una escuela, en su ciclo educativo, debe brindar en los
ámbitos académico, reflexivo, orientador y de ideales y valores.
Los padres, orientadores primordiales por naturaleza, deben acompañar la
tarea de la escuela, contener emociones, responder preguntas y orientar a sus
hijos adolescentes en todas las decisiones que deban enfrentar, desde las más
insignificantes hasta las más trascendentales de la vida, dándoles una base de
confianza que les devolverá algo de seguridad. Los profesionales especialistas
en orientación vocacional suelen cooperar con esta tarea y, en muchas
oportunidades, su intervención resulta de fundamental importancia tanto para el
adolescente como para todo el sistema familiar que lo rodea. Aprender a vivir y
construir un proyecto de vida sobre la base de valores genuinos, tolerancia,
actitudes solidarias, constancia en el pensar y el actuar, amando
profundamente la vida, quizás sea un objetivo difícil de alcanzar, pero no
imposible... Así, en conjunto padres, educadores y profesionales especialistas,
deberemos orientar a los adolescentes para que logren encontrar en su
vocación -vocare: llamado-, más allá de una carrera, un verdadero proyecto de
vida. Y los adolescentes deben estar preparados, a través de un profundo
trabajo reflexivo y orientador, para escuchar el "llamado" de su vocación y dar
este paso fundamental en sus vidas que marcará el comienzo de una etapa en
la que las decisiones más importantes estarán cada vez más en sus manos y a
la orden del día. Si todos nos comprometiéramos para esto... ¿No sería algo
simple elegir una carrera?

ADOLESCENTES POR LA VIDA. ORIENTACIÓN VOCACIONAL Obtenido de
la red mundial el 10 de junio del 2004.
http://www.adolescentesxlavida.com.ar/estudiaryo.htm
Lectura sugerida por la orientadora: Elvira Venegas Hernández.